Contents of: Colectánea de Jurisprudencia Canónica. 1982, #16 [Magazine]

 
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Colectánea de Jurisprudencia Canónica. 1982, #16. INDICE

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Colectánea de Jurisprudencia Canónica. 1982, #16. PORTADA

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Colectánea de Jurisprudencia Canónica. 1982, #16. Pages 7-23

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Colectánea de Jurisprudencia Canónica. 1982, #16. Pages 25-46

10.—Otra cuestión procesal en íntima relación con cuanto precede: ¿cuándo ha de resolverse el incidente de tachas: ¿antes de Ia sentencia definitiva o junto con ella? Aclaremos de entrada que para que tenga lugar una causa incidental se requiere: «1) que el juicio se haya comenzado, entendiendo por comienzo Ia citación, aunque no se haya verificado Ia contestación a Ia demanda; 2) accesoriedad, es decir, no contenida expresamente en Ia demanda, pues en este caso dejaría de ser accesorio para convertirse en parte de Ia pretensión formulada en Ia demanda; 3) conexión tan íntima con Ia causa principal que muchas veces, para resolver ésta haya de resolverse Ia primera» (M. Moreno Hernández, Derecho Procesal Canónico [Madrid 1956] p. 253). Causa incidental que viene definida en el can. 1837 y que nada tiene que ver con las llamadas cuestiones prejudiciales (can. 1632), aunque de forma muy genérica se les llame a éstas alguna vez incidentales también (Cf. L. Acebal, 'Naturaleza de las cuestiones prejudiciales', en Lex Ecclesiae. Estudios en honor del Prof. Dr. M. Cabreros de Anta [Salamanca 1972] pp. 440-60; I. Bellón Gómez, Procedimientos judiciates y prácticas forenses [Madrid 1941] t. III, pp. 20-21. Son premisas que pueden condicionar o determinar Ia conclusión de Ia relación jurídica iniciadora del proceso; por ello, es preciso resolverlas antes, «pues de no realizarlo se ocasionaría Ia injusticia de dar por supuesta una realidad punible tal vez inexistente, porque Ia eliminara presupuesto de Ia interferente. Se impone, pues, resolver los aspectos jurídicos de diversos órdenes que puedan ser premisas de Ia conclusión que en el penal deba proceder» [p. 20]). Y nada obsta, en principio, a que Ia cuestión incidental y Ia causa principal puedan resolverse mediante una única sentencia acerca del fondo (Cf. art. 194 de Ia Inst. Próvido Materí. Podrá el juez elegir uno de estos caminos: «a) uno, en el momento en que fue planteada, antes y con independencia de Ia decisión definitiva en Ia causa principal, cuando Ia solución puede darse sin prejuzgar Ia eficacia de las demás pruebas y sin tener que anticipar Ia valoración global; otro, el de aplazar Ia resolución para cuando en Ia sentencia final se valoren los testimonios y todas las pruebas, apreciando su mérito

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Colectánea de Jurisprudencia Canónica. 1982, #16. Pages 47-61

Según Pinna, Z. c., Ia epilepsia puede ser mayor o menor. Aquélla, llamada también «magnum malum» aparece súbitamente y después de un breve comienzo (aura) explota plenamente... El enfermo prorrumpe en gritos clamorosos, mueve los ojos, se muerde Ia lengua, echa espumarajos por Ia boca, contrae los músculos y cierra los puños con agitaciones convulsivas hacia atrás. Es Ia fase tónica. Suelen también relajarse los esfínteres. Después disminuye Ia excitación nerviosa y viene un sueño profundo, quedando el paciente completamente inmóvil. Es Ia fase tónico-clónica. Después de un cierto tiempo, el paciente se rehace y no se acuerda absolutamente nada de Io que Ie ha sucedido. Durante el estado de confusión o de amnesia que sigue al acceso epiléptico, el enfermo obra como un autómata, y por esto «su estado puede ser descrito como automatismo» (Penfiel y Jasper, Epilepsy and funcional Anatomy [Boston 1954] p. 497). Estos automatismos pueden durar horas y aún varios días, 6 o 7, y por eso habla de «automatismos de larga duración» (cf. 'Automatismes de longue durée et fugues epileptiques', en Rapport au Congrès de Psychiatrie et Neurologie [Nancy 1963]). 13.—Siendo asi que el contrato matrimonial es de los más importantes y trascendentales entre los demás contratos, puesto que implica obligaciones gravísimas y durables, solamente serán capaces para contraer aquellos que puedan captar y cumplir dichas obligaciones, es decir, aquellos que son capaces de realizar actos auténticamente humanos. Ni siquiera es suficiente Ia capacidad de pecar mortahnente; pues un niño de siete años suele ser capaz de hacer un pecado mortal y no tiene, sin embargo, suficiente madurez mental o discreción de razón para proyectarse sobre el futuro (S. Tomás, Suppl. q. 53, a 2, ad 2). De donde se sigue que los epilépticos son incapaces de realizar actos humanos no sólo mientras están bajo los efectos del ataque —esto es evidente— sino ambién en los períodos posteriores, más o menos largos, en los que están padeciendo los efectos o consecuencias de los mismos, y

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Colectánea de Jurisprudencia Canónica. 1982, #16. Pages 63-86

Sobre don HP informa igualmente el párroco de Medina del Campo: «don HP es persona de religiosidad nvda y hasta contrario a cualquier religión. Es hombre de intenciones poco morales y en cuanto a veracidad es capaz de mentir si con ello consigue utilidad para sí o para los suyos» (fol. 54). La índole o modo de ser de las personas anteriormente reseñadas es otro claro indicio de Ia simulación del matrimonio. 11.—Las circunstancias anteriores, concomitantes y subsiguientes al matrimonio están claramente a favor de Ia simulación. a) Circunstancias antecedentes. Las relaciones amorosas con el referido AM, el internamiento de Ia esposa en el Colgio de las MM. Adoratrices, las relaciones íntimas con el citado AM con el subsiguiente embarazo de M, el temor a los padres y a Ia institución de Protección de Ia Mujer, así como el deseo de liberarse de éstos con el fin de poder vivir con AM, han quedado evidentemente probadas en autos en los testimonios anteriormente expuestos. b) Circunstancias concomitantes. Se constatan éstas, en primer lugar, por Ia prueba testifical. Declara don HP: «...Y yo Ie acompañé a V a tramitar en dicha parroquia el expediente, actuando yo de testigo...». «...Después de recoger los papeles de Ia casa del párroco, vinimos a Valladolid y M, que nos esperó en un bar, nos acompañó a otra parroquia de aquí de Valladolid donde se terminaron de hacer todos los papeles...». «Yo asistí a Ia boda y, si mal no recuerdo, yo hice de padrino. De madrina actuó una señorita Uamada AR». «Si es que yo fui el padrino esto se debió a que no debía haber otra persona que se prestara. Yo creo que contando los novios y los padrinos debíamos ser unas siete u ocho personas. Todos los que estábamos allí presentes sabíamos que no se trataba de una verdadera boda sino que fue un arreglo que se preparó. Fue AM el que me pidió que yo me prestara a preparar y colaborar en Ia boda sobre todo con relación a V...» (fols. 51 y 52), Doña AR, que fue Ia madrina, declara asimismo: «Yo

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Colectánea de Jurisprudencia Canónica. 1982, #16. Pages 87-109

4.—El día 28 de enero de 1977, Ia esposa interpuso demanda de declaración de nulidad de su matrimonio, en base, sustancialmente, a los siguientes hechos: a) Trastornos patológicos mentales en el esposo, de gran alcance, y que se aceleraron en su nuevo estado matrimonial (fol. 2v-50); b) Carencia del «quantum» de discreción de juicio para poder prestar el consentimiento matrimonial en el mismo momento en que éste se produjo, dado su estado patológico mental (fols. 3 y 3v-50, c); c) Incapacidad de asumir y de cumplir las obligaciones esenciales del matrimonio y no poder conllevar una comunidad de vida (fols. 4 y 4v-50 c). 5.—En fecha 25 de abril de 1977, se celebra en Ia Sala del Tribunal eclesiástico Ia comparecencia de ambas partes para el acto de Ia litis contestación y fijación del Dubio, en el que el demandado, una vez conocido el texto de Ia demanda y, por tanto, de Ia acusación de nulidad de su matrimonio, por amencia, dijo «que se allana a las pruebas de Ia actora y que no desea tomar parte en Ia demostración de dicha nulidad», quedando fijado el Dubio según Ia fórmula siguiente: «Si consta de Ia nulidad de este matrimonio, por amencia del esposo don V» (fol. 19). Mediante Decreto de 1 de marzo de 1978 (fol. 111), y previa instancia del Defensor del Vínculo, Ia fórmula dubial fue ampliada con este nuevo capítulo: «Incapacidad del demandado para asumir y cumplir las graves obligaciones inherentes al matrimonio». Y en consecuencia quedó formulada definitivamente de Ia siguiente manera: «Si consta de Ia nulidad de este matrimonio por amencia del esposo don V, e incapacidad del mismo para asumir y cumplir las graves obligaciones inherentes al matrimonio» (fol. 111). 6.—Por providencia de fecha 30 de abril de 1977 se recibió el juicio a prueba (fol. 30), realizada Ia cual y tras dictamen fiscal de considerarla suficientemente instruida (fol. 128), se declaró pública por decreto de 20 de octubre de 1978 (fol. 129), y en providencia de 20 de noviembre se declaró conclusa Ia causa (fol. 130).

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Colectánea de Jurisprudencia Canónica. 1982, #16. Pages 111-149

15.—Por ùltimo, bastará recoger de Ia misma coram Lefevbre, las referencias a otras connotaciones jurisprudenciales, entre las cuales reproduce precisamente de Ia coram Sabattani: «cum... iudicent (homosexuales) sensus suos obstare obligationibus quae in nuptiis contrahuntur, sed eorum sexualitati contrariis» 8. Y refiriéndose a una coram Wynen de 6 de mayo 1942: «lus comparti tradatur oportet exclusive et in perpetuum, nam matrimonium sine suis proprietatibus essentialibus... nequit existere» (SRR, 34 [1942] p. 355 ss.) 7 . Y refiriéndose a Ia coram Heard de 5 junio 1941: «Tempore contractus non fuit domina corporis sui, ideoque ius in idem nullimode transferri poterat... dum asseratur in una coram Sabattani diei 21 iunii 1957: "Mulier ita affecta (nymphomania) ad obligationem fidei sumendam incapax dici debet ob ipsam suam complexionem"» 8. Y, a una coram Bonet de 12 diciembre de 1955: «...Consensus obiecto caret, si contrahens se obliget, ut docet divus Thomas (IV Sent, dist. 34, q. 1, a. 2) ad hoc quod non potest dare vel facere» 9. Y concluye: «Eruitur autem ex communiter contingentibus homosexuales non posse tradere-acceptare aut omne ius in corpus, aut perpetuo, aut exclusive, uti determinatur in sententia coram Wynen, diei 6 maii 1942 inter alias...; Profecto, non adest in casu exclusio obiecti, ut in canone 1086, 2, determinatur, sed verificatur defectus obiecti, in quantum contrahens

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Colectánea de Jurisprudencia Canónica. 1982, #16. Pages 151-207

Desde esta perspectiva, consiste esencialmente en una declaración de Ia voluntad; y por Io mismo su factor intrínsecamente constitutivo es el mismo acto de Ia voluntad debidamente realizado y legalmente válido. Para eUo es necesario que este acto tenga todas las cualidades internas y externas, psicológicas y jurídicas que son necesarias para su existencia o para su eficacia jurídica, ya por Ia naturaleza del acto ya por Ia determinación positiva del legislador. A Ia luz de las cualidades o elementos que el consentimiento matrimonial ha de poseer para que tenga eficacia jurídica destacamos las siguientes afirmaciones: 1a) El consentimiento, única posibilidad eficiente del matrimonio, ha de proceder de Ia voluntad libre y deliberada de los contrayentes, no viciada sustancialmente por ninguna causa exterior ni interior. 2a) El consentimiento, para que sea verdadero, ha de contenerse en un acto de Ia voluntad con objeto y base conyugales. En estos momentos, el objeto comprende más que el estricto «ius in corpus» del can. 1081, llegando a situarse en el «ius ad comunitatem vitae», con una comprensión al menos de los «bona matrimonii» (Sentencia del 30 de mayo de 1978, coram Panizo, Colectánea, n. 10, p. 233). 3a) TaI acto humano ha de pretender y tener como objetivo el matrimonio mismo; habrá de intentar al menos mínimamente cuanto es esencial en el matrimonio; el derecho-deber a una auténtica comunidad de vida y de amor tal como se explica al menos a través de los tres bienes del matrimonio: «proles, fides, sacramentum» (id.). 4a) La exclusión del matrimonio (simulación total) o de alguno de sus elmentos esenciales (simulación parcial) provoca Ia nulidad de matrimonio. Por estar en Ia base de Ia petición de nulidad en que se basa esta causa, habremos de referirnos, con un poco más de amplitud, a Ia 1a y 4a de estas afirmaciones. Y más en concreto a los vicios dei consentimiento a Ia exclusión de los bienes del matrimonio

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Colectánea de Jurisprudencia Canónica. 1982, #16. Pages 209-230

1966, SRRD, 58 (1966) p. 548 ss.; c. Anné, 4 junio 1967, SRRD, 59 (1967) p. 531 SS.; C. Pinna, 20 julio 1967, SRRD, 59 (1967) p. 613 ss. Más las de Pompedda de 1 y 18 de julio de 1970 y de 23 de enero de 1971. Todas aducidas en Ia causa de nulidad de matrimonio en el Tribunal de Ia Rota Matritense, c. Panizo, declarando Ia nulidad del matrimonio por exclusión de Ia indisolubilidad en sentencia de 30 de mayo de 1978 (Colectánea de Jurisprudencia Canónica, 10 [1979] p. 229ss.). También tenemos jurisprudencia por sentencias de Ia Rota Matritense, publicadas en Colectánea de Jurisprudencia Canónica (n. 10, 1979): c. García Faílde, 4 mayo 1978, p. 9 ss.; del mismo Ponente Decreto de 14 octubre de 1978, p. 39 ss.; c. Blanco, Sentencia en Primera Instancia de 24 de noviembre de 1965 (p. 127ss.); Sentencia que aunque niega Ia nulidad por Ia exclusión de Ia indisolubilidad, es de interés su doctrina canónica. Coram Aisa, sentencia en primera Instancia del 14 de abril de 1978, p. 175; c. Panizo, además de Ia ya citada anteriormente de 30 de mayo de 1978, un Decreto de 2 de marzo de 1978 (p. 251). De estas sentencias es de especial interés para nuestro caso Ia de 4 de mayo de 1978, c. García Faílde, por tratarse del ma trimonio celebrado entre un español católico con una noruega luterana, matrimonio celebrado previa Ia dispensa del impedimento de mixta religión. En los fundamentos de derecho, en el n. 6 dice: «No obstante Ia fuerte corriente doctrinal y jurisprudencial contraria, estimamos que quien padece un error profundo sobre Ia indisolubilidad del matrimonio está fuertemente predispuesto a excluir mediante un acto positivo de voluntad esa indisolubilidad de suerte que en principio se deba presumir no que ese contrayente tiene una intención general de contraer un matrimonio válido y por tanto indisoluble sino que dicho contrayente obró en conformidad con su error y por tanto excluyó mediante un acto positivo de voluntad esa indisolubilidad. Nosotros hacemos nuestras las afirmaciones de Ia sentencia de 23 de marzo de 1956, c. Filipiak: «Item talis voluntas, saltem implicita, invenitur in eo qui ita persuasum sibi habet, doctrina catholica, quam didicit, non obstante, de facúltate propia divortiandi, ut ab hac per220

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