Artículo: Papeles Salmantinos de Educación. 2002, n.º 1. Páginas 217-245. Enrique de Castro: el cura del infierno del sur valor lo ves encarnado en una persona o grupo humano, te adhieres a ellos, les dices sí a ellos, apuestas por ellos. 5 Y no es difícil saber cuáles son las personas o grupos en los que descubre el tesoro, ni dónde encuentra la fuerza y el cimiento, ni cómo entiende y vive su fe: Me iba quedando definitivamente claro lo que es anunciar el evangelio. La palabra evangelio significa “buena noticia”. No es un cuerpo de doctrina, ni un conjunto de dogmas ni un compendio moral. (...) ...no diremos anunciar el evangelio sino la buena noticia. La buena noticia a los pobres, que en los presos y oprimidos se traduce en libertad, en los ciegos en vista y en los que piensan que no tienen salida, en gratuidad y amnistía. Y todo esto sólo se puede expresar en hechos... El entenderlo de esta manera me llevaba a concebir la parroquia como un lugar de encuentro donde todo el mundo tiene cabida, sea cual sea su origen e ideología, y en el que el denominador común debe ser la solidaridad. Ya no podía distinguir entre asistencia social (”caridad”) y evangelización. Un asistente o trabajador social puede ser un asesor técnico de recursos, pero no el refugio a donde enviamos a todos los desfavorecidos, desimplicándonos(sic) nosotros de sus problemas. La parroquia no es para unos cuantos piadosos o “profesionales de la religión” que dan cursillos prebautismales, precomunionales, preconfirmacionales o prematrimoniales, para al final celebrar sacramentos. Sólo hay una buena noticia o evangelio para la vida del hombre en sus distintos momentos y, cuando esta acontece, ya lo creo que se celebra. ¿No es una celebración la libertad de un preso que desea rehacer su vida o la obtención de una vivienda para una familia en la calle, o el que un chaval deje la heroína que tanta ruina ha ocasionado a él y los de su alrededor...? ¿No lo era, en nuestra comprensión política del evangelio, la liberación de la esclavitud, de las colonizaciones, dictaduras y opresiones...? Y no es una catequesis el haber luchado juntos por conseguirlo, descubriendo el valor del amor solidario por encima de nuestro egoísmo o inhibición? Catequesis y celebración porque todas estas acciones, en todo su recorrido, son auténticos sacramentos, signos de la utopía o, mejor dicho, momentos que la hacen presente, evidencias de su posibilidad. (...) Mi concepción —concluye— de la acción y lucha social como núcleo de la evangelización, las críticas que recibía de desatender lo sacramental... 6 Las razones y las fuerzas que impulsan opciones y acciones vitales pueden ser más o menos razonables, filantropía o pura inclinación personal más allá de la lógi5 E. CASTRO, Dios es Ateo, Ediciones del Quilombo, Madrid 1977, 12 6 Idem, 139-140.

 
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